domingo, 13 de febrero de 2011

Mozambique ainda...

Mucho tiempo había pasado desde mi última visita a Mozambique y, para ser sincero, me sentía un tanto intranquilo a mi llegada. Cuatro largos años en los que, a pesar de la continua
comunicación con Inharrime, mis recuerdos podrían haberse extraviado de la realidad. El tiempo es así: erosiona la memoria, pule ciertos detalles, abrillanta otros y termina por confundir
sensaciones con realidades, añadiendo algunos toques de fantasía en el proceso.
En cierta manera me sentía como el que vuelve a encontrase con un viejo amigo, muy cercano tiempo atrás pero con el que temes que la conexión que os unía se haya perdido. A mi llegada a Maputo, con el asalto de luz y colores, la inmersión en el ritmo de vida africano, la primera carrera en el chapas abarrotado hasta lo absurdo... en seguida sentí que Mozambique y yo seguíamos donde lo habíamos dejado.
El siguiente paso era la llegada a Inharrime, el Centro Laura Vicunha y nuestras meninas. ¿Se acordarían aún de mi? Para los niños 4 años son casi una vida, y tampoco me hacía muchas ilusiones al respecto. Por desgracia para mi, ellas se acordaban demasiado bien:
-¡Mano Oscar!, ¡Mano Oscar!, ¿qué es lo que te pasó? ¡Tienes el pelo blanco y pareces un abuelo! Antes sí que eras bonito....
Vaya, tendré que tirar de reservas de autoestima y aguantar la pedrá.... menos mal que tenía a la Hermana Lucília para hacer de minha mae pequena y compensar.
Después de un par de semanas en Inharrime, trabajando como chófer para repartir pan, poniéndome al día con los apadrinamientos y tantos otros proyectos, reencuentrándome con amigos y sobreviviendo al cariño de las niñas, me siento ya como si nunca me hubiera ido.
No quiere decir esto que todo siga igual: las Escuelas Secundaria y Primaria, la panadería, los dormitorios... el Centro crece al igual que las meninas. Otro cambio es que lo que en 2007 eran sólo ilusiones en la cabeza, ahora son proyectos en marcha de la AIE: la Escola Primaria de Madovela, el programa de leche para bebés y niños, nuestra colaboración con el Centro de Infulene y otras actividades hacen que los amigos de Inharrime estén presentes. Resulta curioso y reconfortante: cada vez que trabajo en alguna de nuestras iniciativas, trato con nuestros colaboradores o me sugieren ideas siento que os tengo a todos detrás, apoyando y dándome la responsabilidad de representaros.
Lo que no ha cambiado aquí es la necesidad de nuestro apoyo. Esta primera imagen de mi regreso a Inharrime no estaría completa sin mencionar el reencuentro con el sufrimiento humano, crudo y punzante, con muchas caras y aspectos pero dejando la misma impotencia en el estómago. Mucho sigue haciendo falta para muchos.
Mozambique continua siendo esa mezcla de belleza deslumbrante con miseria inhumana, de sensaciones extremas y opuestas, de presente incierto y un futuro por decidir; futuro del que, como los amigos que somos, ya formamos parte.
Um forte abraço
Mano Oscar

1 comentario:

María dijo...

Hola, Oscar.

Llevo un tiempo queriendo conocerte, pero siempre te me escapas cuando pasas por Madrid. Me llamo María José y soy amiga de Emilio e Isabel; también la responsable del área de educación de Acción Geoda, organización pequeña, como la vuestra, que avanza con tanta ilusión como esfuerzo: ya sabéis, eh. Nuestro Inharrime se llama Ifoulou, aldea inicial de una actividad que ya se va extendiendo. Os seguiré a partir de ahora. Y os propongo un abrazo de mil brazos, marroquíes, mozambiqueños, españoles; todos Hijos de la Tierra. Mucha Vida, Óscar.

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